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jueves, 25 de julio de 2013

BUENAS TARDES DESDE ARCOS DE LA FRONTERA

¿Cómo se sentiría usted teniendo un accidente que le cueste la nariz, la mitad de su brazo derecho y todos los dedos de su mano izquierda? Supongo que sus pensamientos no serán muy positivos. Pero eso fue lo que ocurrió al Dr. Beck Weathers, y él ve esa pérdida como el acontecimiento determinante de su vida, el acontecimiento que cambió todo a su alrededor.
«¿Que si quisiera recuperar mis manos?», dijo en una entrevista que le hicieron en el programa «Evening News» de la CBS. «Por supuesto que sí. ¿Que si quisiera tener mis manos para volver a ser lo que fui antes? No».
¿Qué cosa podría llevar a alguien a preferir tan dramática incapacidad? La respuesta podemos encontrarla en el Monte Everest. Porque Beck Weathers fue uno de los que estaba en la cima de esa montaña durante el ahora famoso incidente de 1996 cuando una nevada segó la vida de doce personas.
Weathers tenía cuarenta y nueve años de edad cuando ascendió al Everest. Para ese tiempo, había sido un escalador de montañas durante diez años. Escalar era su pasión.
Weathers siempre dedica mucho tiempo a prepararse para el siguiente viaje. Antes del Everest, había escalado seis de las siete cumbres, las montañas más altas en los diferentes continentes. Y para cada ascenso se sometió a un agotador régimen de entrenamiento.
El 10 de mayo, cuando ascendía a la cumbre, se dio cuenta que tenía problemas. Algunos años antes se había sometido a una operación de queratotomía para corregir su visión. Mientras más ascendía en la montaña, la altitud hizo que sus lentes saltaran de sus ojos, lo que lo dejó prácticamente ciego.
En esas circunstancias, la decisión más sabia que podía tomar Weathers, era quedarse donde estaba y esperar y luego unirse al grupo cuando este viniera de vuelta de la cumbre. Pero pronto la difícil situación en que se encontraba fue superada por un cambio horrendo en las condiciones del tiempo. Una rara ventisca cubrió rápidamente la montaña haciendo que la temperatura bajara hasta unos cincuenta grados bajo cero y aumentando la velocidad del viento a setenta millas por hora. La tormenta obligó a cada uno a luchar por sobrevivir. En toda esta situación, Weathers quedó abandonado en la montaña. Pasaron las horas y cayó en un estado de coma hipotérmico.
Sus compañeros lo buscaron durante horas sin dar con él. El 11 de mayo, temprano en la mañana lo encontraron. Estaba cubierto con hielo y apenas respiraba. Supusieron que de un momento a otro moriría, de modo que lo dejaron donde estaba, volvieron al campamento y le avisaron por radio a su esposa que había muerto.
Nadie ha salido de un coma hipotérmico y ha sobrevivido, excepto Beck Weathers. De alguna manera él recuperó las fuerzas, se incorporó, buscó el camino y tambaleándose, llegó al campamento. Su chaqueta estaba abierta, su rostro estaba tan negro por las quemaduras que era difícil reconocerlo y su brazo derecho que había estado expuesto tenía un aspecto blanco mármol y estaba congelado en una buena parte.
Aun después de su milagroso retorno al campamento, nadie creía que Weathers sobreviviría. Pero él se mantuvo luchando. De regreso en su casa en Dallas recibió atención médica. Fue sometido a diez operaciones; le amputaron los dedos de su mano izquierda, le amputaron el brazo derecho a la altura del codo y le construyeron una nueva nariz usando piel de otras partes de su cuerpo.
Al final, Weathers tuvo que someterse a un proceso de aprendizaje radical. Él cree que cambió sus manos por algo mucho más valioso: lecciones sobre él mismo, sus valores y su vida. Él confiesa:
Probablemente sea la persona más feliz ahora, después de haber pasado por todo lo que me ha ocurrido. Tengo un juego diferente de prioridades. Uno nunca sabe quién es y qué es, sino hasta que ha sido realmente probado. Usted gana muchísimo más cuando el fracaso lo golpea que lo que pudiera enseñarle el éxito.
La actitud de Weathers refleja más que sólo gratitud por sobrevivir a una tragedia que pudo haberle causado la muerte. Él muestra su capacidad para aprender lo que le ha permitido cambiar su vida para bien. Al hacer del sufrimiento su mejor amigo, ha transformado sus fracasos en victoria.
Michel E. Young. The Ultimate Challenge. Dallas Morning News.


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