domingo, 17 de noviembre de 2019
NUEVO DÍA
EL HUEVO VACÍO.
Jeremías nació con un
cuerpo deformado
y una mente lenta. A la edad de 12 años no había
pasado de 2º grado, y parecía que jamás
podría aprender nada.
Con frecuencia su maestra, se exasperaba
con él porque solía estar en su banco moviéndose,
babeando, y gruñendo. A veces hablaba claramente,
como si un rayo de luz hubiera
penetrado en la oscuridad de su cerebro.
Pero la mayor parte del tiempo Jeremías
irritaba a su maestra.
Cierto día citó a sus padres para hablarles.
Cuando ellos entraron en el aula vacía,
la maestra les dijo: “Jeremías verdaderamente
tiene que asistir a una escuela especial.
No es bueno para él estar con niños
más pequeños que no tienen problemas
de aprendizaje.
De hecho, tiene un atraso mental
de cinco años con respecto a los otros alumnos”.
La mamá lloraba calladamente,
y mientras su esposo le decía a la maestra:
“Señorita, no hay ninguna escuela especial aquí.
Y sería un golpe terrible para Jeremías
si lo quitáramos de esta escuela.
A él verdaderamente le gusta estar aquí”.
La maestra permaneció sentada durante
un largo rato después que se habían ido
los padres de Jeremías, contemplando a través
de la ventana la nieve que caía
y que parecía enfriarle el alma.
Quería entender a estos padres.
Después de todo, su único hijo
tenía una enfermedad Terminal.
Pero no era bueno tenerle en su clase.
Había otros 18 niños a los que debía enseñarles,
y Jeremías sólo los distraía.
Además, nunca aprendería a leer y escribir.
¿Por qué malgastar más tiempo con él?
Mientras pensaba en esto,
comenzó a sentirse culpable.
“Aquí estoy, lamentándome por mis problemas,
que no son nada comparados con los
de esa pobre familia”, pensó.
Y también oró: “Señor, ayúdame
a ser más paciente con Jeremías”.
Y a partir de ese día trató
verdaderamente de ignorar
los ruidos que hacía el niño
y las hojas en blanco de su cuaderno.
Un día, Jeremías caminó dificultosamente
hasta el escritorio de su maestra,
arrastrando su pierna inútil
detrás de él. “La amo, Señorita”,
exclamó lo suficientemente fuerte
como para que toda la clase lo oyera.
La maestra se puso roja, especialmente
al ver los gestos que hacían los otros alumnos.
Ella alcanzó a tartamudear:
“Bue… bueno… es muy lindo lo que me dices,
Jeremías. Ah… ahora, por favor
vuelve a tu asiento…”
Pasó el tiempo, llegó la primavera,
y los niños conversaban animadamente
acerca de la proximidad de la Pascua.
La maestra les contó la historia de Jesús,
y para destacar la idea de que la vida renacería,
entregó a cada uno de los niños
un huevo grande de plástico, y les dijo:
“Quiero que lo lleven a su casa,
y mañana lo traigan con algo
dentro que nos enseñe sobre la vida.
¿Entienden?” “SÍÍÍÍ, Señorita”,
respondieron entusiasmado todos los niños,
Excepto Jeremías. Estaba escuchando
atentamente, sus ojos no se quitaban
del rostro de la maestra.
Ni siquiera estaba haciendo sus ruidos habituales.
¿Habría entendido lo que ella dijo acerca
de la muerte y la resurrección de Jesús?
¿Podría hacer la tarea?
¿Llamaría a sus padres para explicarles
lo que Jeremías tenía que hacer?.
Esa tarde tuvo que hacer muchas compras,
planchar una blusa, preparar la cena,
y se olvidó completamente de hacer esa llamada.
Al día siguiente, los 19 alumnos vinieron a clase.
Reían y charlaban mientras ponían
los huevos de plástico en la canasta vacía
que estaba sobre el escritorio de su maestra.
Y al finalizar el período de clases,
llegó el momento de abrir los huevos.
En el primero, la maestra encontró una flor.
“Oh, sí, una flor es señal de una nueva vida”, dijo.
El siguiente huevo contenía una mariposa
de plástico, que parecía real.
Su comentario fue:
“Todos sabemos que algunas orugas se
convierten en mariposa.
Sí, ésta también es una vida nueva”.
Después abrió otro huevo donde había
una piedra cubierta de musgo.
Y explicó que el musgo también era
una muestra de vida.
A continuación abrió el cuarto huevo.
Su respiración se hizo entrecortada
¡El huevo estaba vacío!
“Seguramente debe ser de Jeremías”, pensó.
“No habrá entendido mis instrucciones.
Si no me hubiera olvidado de telefonear
a sus padres…”
Y como no quería que Jeremías se sintiera mal,
lentamente puso el huevo a un lado y tomó otro.
Repentinamente Jeremías le dijo:
“Señorita, ¿no va a hablar acerca del huevo
que yo traje?” Nerviosa, le contestó:
“Pero Jeremías, el huevo está vacío”.
Y él, mirándole a los ojos le dijo suavemente:
“Sí, pero también la tumba de Jesús estaba vacía”.
Pareció que el tiempo se detenía.
Y cuando pudo hablar nuevamente,
la maestra le preguntó:
“¿Sabes por qué la tumba estaba vacía”
“Oh, sí”, dijo Jeremías.
“A Jesús lo mataron y lo pusieron allí.
Pero Su Padre lo resucitó”.
Sonó la campana, y mientras los niños
corrían hacia fuera, la maestra se puso
a llorar, y el hielo de su corazón se derritió.
Jeremías murió tres meses después.
Y los que concurrieron a su velatorio
se sorprendieron al ver 19 huevos
sobre su ataúd, y todos estaban vacíos.
y una mente lenta. A la edad de 12 años no había
pasado de 2º grado, y parecía que jamás
podría aprender nada.
Con frecuencia su maestra, se exasperaba
con él porque solía estar en su banco moviéndose,
babeando, y gruñendo. A veces hablaba claramente,
como si un rayo de luz hubiera
penetrado en la oscuridad de su cerebro.
Pero la mayor parte del tiempo Jeremías
irritaba a su maestra.
Cierto día citó a sus padres para hablarles.
Cuando ellos entraron en el aula vacía,
la maestra les dijo: “Jeremías verdaderamente
tiene que asistir a una escuela especial.
No es bueno para él estar con niños
más pequeños que no tienen problemas
de aprendizaje.
De hecho, tiene un atraso mental
de cinco años con respecto a los otros alumnos”.
La mamá lloraba calladamente,
y mientras su esposo le decía a la maestra:
“Señorita, no hay ninguna escuela especial aquí.
Y sería un golpe terrible para Jeremías
si lo quitáramos de esta escuela.
A él verdaderamente le gusta estar aquí”.
La maestra permaneció sentada durante
un largo rato después que se habían ido
los padres de Jeremías, contemplando a través
de la ventana la nieve que caía
y que parecía enfriarle el alma.
Quería entender a estos padres.
Después de todo, su único hijo
tenía una enfermedad Terminal.
Pero no era bueno tenerle en su clase.
Había otros 18 niños a los que debía enseñarles,
y Jeremías sólo los distraía.
Además, nunca aprendería a leer y escribir.
¿Por qué malgastar más tiempo con él?
Mientras pensaba en esto,
comenzó a sentirse culpable.
“Aquí estoy, lamentándome por mis problemas,
que no son nada comparados con los
de esa pobre familia”, pensó.
Y también oró: “Señor, ayúdame
a ser más paciente con Jeremías”.
Y a partir de ese día trató
verdaderamente de ignorar
los ruidos que hacía el niño
y las hojas en blanco de su cuaderno.
Un día, Jeremías caminó dificultosamente
hasta el escritorio de su maestra,
arrastrando su pierna inútil
detrás de él. “La amo, Señorita”,
exclamó lo suficientemente fuerte
como para que toda la clase lo oyera.
La maestra se puso roja, especialmente
al ver los gestos que hacían los otros alumnos.
Ella alcanzó a tartamudear:
“Bue… bueno… es muy lindo lo que me dices,
Jeremías. Ah… ahora, por favor
vuelve a tu asiento…”
Pasó el tiempo, llegó la primavera,
y los niños conversaban animadamente
acerca de la proximidad de la Pascua.
La maestra les contó la historia de Jesús,
y para destacar la idea de que la vida renacería,
entregó a cada uno de los niños
un huevo grande de plástico, y les dijo:
“Quiero que lo lleven a su casa,
y mañana lo traigan con algo
dentro que nos enseñe sobre la vida.
¿Entienden?” “SÍÍÍÍ, Señorita”,
respondieron entusiasmado todos los niños,
Excepto Jeremías. Estaba escuchando
atentamente, sus ojos no se quitaban
del rostro de la maestra.
Ni siquiera estaba haciendo sus ruidos habituales.
¿Habría entendido lo que ella dijo acerca
de la muerte y la resurrección de Jesús?
¿Podría hacer la tarea?
¿Llamaría a sus padres para explicarles
lo que Jeremías tenía que hacer?.
Esa tarde tuvo que hacer muchas compras,
planchar una blusa, preparar la cena,
y se olvidó completamente de hacer esa llamada.
Al día siguiente, los 19 alumnos vinieron a clase.
Reían y charlaban mientras ponían
los huevos de plástico en la canasta vacía
que estaba sobre el escritorio de su maestra.
Y al finalizar el período de clases,
llegó el momento de abrir los huevos.
En el primero, la maestra encontró una flor.
“Oh, sí, una flor es señal de una nueva vida”, dijo.
El siguiente huevo contenía una mariposa
de plástico, que parecía real.
Su comentario fue:
“Todos sabemos que algunas orugas se
convierten en mariposa.
Sí, ésta también es una vida nueva”.
Después abrió otro huevo donde había
una piedra cubierta de musgo.
Y explicó que el musgo también era
una muestra de vida.
A continuación abrió el cuarto huevo.
Su respiración se hizo entrecortada
¡El huevo estaba vacío!
“Seguramente debe ser de Jeremías”, pensó.
“No habrá entendido mis instrucciones.
Si no me hubiera olvidado de telefonear
a sus padres…”
Y como no quería que Jeremías se sintiera mal,
lentamente puso el huevo a un lado y tomó otro.
Repentinamente Jeremías le dijo:
“Señorita, ¿no va a hablar acerca del huevo
que yo traje?” Nerviosa, le contestó:
“Pero Jeremías, el huevo está vacío”.
Y él, mirándole a los ojos le dijo suavemente:
“Sí, pero también la tumba de Jesús estaba vacía”.
Pareció que el tiempo se detenía.
Y cuando pudo hablar nuevamente,
la maestra le preguntó:
“¿Sabes por qué la tumba estaba vacía”
“Oh, sí”, dijo Jeremías.
“A Jesús lo mataron y lo pusieron allí.
Pero Su Padre lo resucitó”.
Sonó la campana, y mientras los niños
corrían hacia fuera, la maestra se puso
a llorar, y el hielo de su corazón se derritió.
Jeremías murió tres meses después.
Y los que concurrieron a su velatorio
se sorprendieron al ver 19 huevos
sobre su ataúd, y todos estaban vacíos.
sábado, 16 de noviembre de 2019
SOLEMNE TRIDUO DEDICADO A MARÍA SANTÍSIMA DE LA PIEDAD Estimados hermanos/as: El motivo de la presente es para convocar a todos nuestros hermanos/as y devotos/as al Solemne Triduo dedicado a María Santísima de la Piedad por su onomástica en la Basílica Menor de Santa María de la Asunción, los próximos días 22, 23 y 24 de Noviembre de 2019, ocupando la Sagrada Cátedra el Rvdo. Padre D. Jesús Bernardo Lozano Pozo, Director Espiritual de nuestra Hermandad, con el siguiente orden de cultos: • Viernes 22 de Noviembre, a las 20:00 horas, rezo del Santo Rosario, Ejercicio del Triduo y Eucaristía dedicada a la memoria de nuestros hermanos difuntos, especialmente los fallecidos este pasado año. • Sábado 23 de Noviembre, a las 19:00 horas, rezo del Santo Rosario, Ejercicio del Triduo y Eucaristía por las intenciones materiales y espirituales de nuestra Ciudad. • Domingo 24 de Noviembre, a las 11:00 horas, Ejercicio del triduo y Solemne Función a María Santísima de la Piedad, con presentación de los niños nacidos este pasado año. Sin más, reciban un fuerte abrazo en el Santísimo Cristo del Perdón y en su Bendita Madre, la Santísima Virgen de la Piedad.
NUEVO DÍA
EL ÉXITO.
· Es comenzar por tener un sueño.
· Es estar comprometido con tus sueños.
· Es tener confianza en ti mismo.
· Es algo que no aparece por casualidad.
· Es aceptar lo que no se puede cambiar.
· Es saber cambiar a tiempo.
· Es saber que lo único permanente es el cambio.
· Es saber y poder delegar en los demás parte de tu tarea.
· Es volver a empezar.
· Es reconocerte en tus logros.
· Es saber disfrutar de tus logros.
· Es reconocer que te equivocaste y pedir perdón.
· Es reconocer que detrás de cada acierto, puede haber varios fracasos.
· Es enamorarte de lo que haces.
· Es no postergar y hacer algo ahora.
· Es darse cuenta que estas eligiendo a cada momento.
· Es reconocer tus propias debilidades y fortalezas.
· Es no parar jamás hasta conseguir tus sueños.
· Es saber con que fin hacemos las cosas.
· Es no mirar hacia atrás.
· Es actuar con entusiasmo.
· Es transitar camino desconocidos.
· Es probar hacer algo que nunca hicimos.
· Es saber que no estamos solos.
· Es estar comprometido con tus sueños.
· Es tener confianza en ti mismo.
· Es algo que no aparece por casualidad.
· Es aceptar lo que no se puede cambiar.
· Es saber cambiar a tiempo.
· Es saber que lo único permanente es el cambio.
· Es saber y poder delegar en los demás parte de tu tarea.
· Es volver a empezar.
· Es reconocerte en tus logros.
· Es saber disfrutar de tus logros.
· Es reconocer que te equivocaste y pedir perdón.
· Es reconocer que detrás de cada acierto, puede haber varios fracasos.
· Es enamorarte de lo que haces.
· Es no postergar y hacer algo ahora.
· Es darse cuenta que estas eligiendo a cada momento.
· Es reconocer tus propias debilidades y fortalezas.
· Es no parar jamás hasta conseguir tus sueños.
· Es saber con que fin hacemos las cosas.
· Es no mirar hacia atrás.
· Es actuar con entusiasmo.
· Es transitar camino desconocidos.
· Es probar hacer algo que nunca hicimos.
· Es saber que no estamos solos.
· Es no rendirse jamás.
· Es rendirse ante lo que no se puede cambiar.
· Es disfrutar de cada momento.
· Es disfrutar del tiempo libre.
· Es tener tiempo libre.
· Es pensar en positivo.
· Es tener metas claras.
· Es tener perseverancia en la búsqueda de los sueños.
· Es estar preparado para ver la oportunidad.
· Es tener una actitud positiva.
· Es desarrollar la creatividad.
· Es utilizar la imaginación.
· Es volver a comenzar con el mismo entusiasmo.
· Es volver a empezar sin darse por vencido.
· Es hacer las cosas lo mejor posible, pero hacerlas.
· Es actuar como si ya hubieras logrado tus metas.
· Es tener claridad en el propósito.
· Es no hacerse problema por las cosas pequeñas.
· Es dejar una huella para que otro pueda seguir.
· Es jugar a ganar por disfrutar.
· Es tener conciencia de lo que uno quiere.
· Es arriesgar.
autor desconocido
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