jueves, 26 de diciembre de 2024
NUEVO DÍA
Las personas son
regalos que la vida me ha dado. Ya vienen envueltas, algunas en forma muy bella
y otras de una manera menos atractiva.
Algunos han sido
maltratados en el correo; otros llegan como “Entrega Especial”; algunos llegan
envueltos, otros cerrados con gran rigidez. Pero la envoltura no es el regalo y
es importante darse cuenta de esto. Es muy fácil equivocarse en este sentido,
juzgando el contenido por el estuche.
A veces el regalo se
abre con facilidad; otras se necesita la ayuda de otras personas. Tal vez es
porque tiene miedo, quizá han sido heridas antes y no quieren ser lastimadas de
nuevo. Pudo ser que alguna vez se abrieron y luego se descartaron. Quizá ahora
se sienten más bien como “cosas” que como seres humanos.
Yo soy una persona.
Como todas las demás personas también soy un regalo. Poseo una bondad que es
sólo mía. Y sin embargo, algunas veces tengo miedo de mirar dentro de mi
envoltura. Tal vez temo decepcionarme, quizá no confío en el que llevo dentro.
Pudiera ser que en realidad nunca he aceptado el regalo que soy.
Cada encuentro y
comunicación entre personas es un intercambio de regalos. Mi regalo soy yo, tú
eres tu regalo. Somos obsequios de Dios unos para otros.
Es difícil pensar en
ocasiones que aquel que me ha lastimado es también un regalo de Dios, pero si
vemos la ofensa como una envoltura maltratada y no nos quedamos con ella,
seguramente encontraremos un hermoso regalo, pues de cada suceso Dios nos tiene
una enseñanza para crecer en su amor, en nuestra fe.
Nosotros mismos
podemos tener una envoltura tan maltratada por el tiempo y/o las
circunstancias, pero lo que llevamos dentro siempre será hermoso, pues quien lo
puso ahí es nuestro Creador, solo tendríamos que ver hacia adentro y estar
listos para darnos… descubre en tu interior todos los dones con los que el
Señor te conformó y sé el digno regalo para los que te necesitamos.
Enviado por Miriam de
Pérez
miércoles, 25 de diciembre de 2024
NAVIDAD
Aún no
se filtraban los rayos del sol en la habitación; ni siquiera se podía
distinguir el rostro de ninguno de los hermanitos. Pero todos los pequeños
hablaban y recogían lo que hubiera cerca de ellos porque era la mañana de
Navidad.
Cada uno de ellos había enviado
su cartita a los reyes magos con una
lista de los juguetes más soñados. Por supuesto que ninguno se había puesto a
pensar en el cómo habría de traerlos los
reyes magos ... los niños simplemente esperaban un milagro.
¡Había tanta emoción y
confusión entre los niños! De entre todo el grupo, había una pequeña niña que
no podía con sus tres paquetes debido a que uno de ellos pesaba demasiado.
Cuando todos llegaron al lugar donde habrían de desenvolver los presentes, los
niños descubrieron que, entre dormida y despierta con el alborozo y la
adrenalina fluyendo, la pequeñita había estado cargando, entre sus tres
paquetes, un pesado tuco de madera sin valor alguno para la niña. Aquello les
pareció hacer cosquillas a los muchachos quienes soltaron risas contagiosas que
adornaron aquella mañana de Navidad.
Sin embargo, la pequeñina
pensaba para sí: "Yo quería una pequeña muñeca" y ninguno de los dos
paquetes restantes parecían contenerla. Pero grande fue su sorpresa al romper
el papel y descubrir que allí, medio cubiertos por el papel de envoltorio, se
asomaban aquellos ojitos azules de una pequeña muñeca. Tanto fue su alegría que
olvidó los demás puntos de su cartita a los reyes magos. Aquel regalo llenaba
todos sus anhelos de felicidad esa fresca mañana navideña.
Querido amigo: muchas veces
presentamos largas listas a nuestro Padre Celestial con los sueños más
deseados: que mis hijos caminen rectamente, que puedan encontrar su pareja
perfecta, que se lleguen a preparar en la vida, que regresen de su viaje sanos
y salvos, que..., que... Pero la verdad es que de esa larga lista sólo una cosa
es entregada en nuestras manos a la vez.
Es que Dios sabe que aquello
que nos da es lo único que necesitamos en ese momento. El Señor tiene muy buenos
y perfectos planes para cada uno de sus hijos. Ojalá que aprendamos a recibir,
conformes, una a una sus bendiciones, disfrutarlas, y de esa manera descubrir
el verdadero significado de la felicidad siéndole agradecidos... Que en esta
navidad seamos plenamente agradecidos con Dios.
Anita Irigoyen
martes, 24 de diciembre de 2024
lunes, 23 de diciembre de 2024
NUEVO DÍA





























