lunes, 10 de diciembre de 2012

SALVADOR HUESO SAÑUDO ... La universidad

La universidad


No creo que haya en todo Arcos un lugar en el que se hable con tanta experiencia y sabiduría como se hace en la placita sin nombre, de configuración a una punta de lanza, existente en la confluencia de las calles Portugal y Guatemala de la barriada Las Canteras. De ello son testigos inamovibles cuatro bancos de madera ─junto a una fuente sin agua heredera de lo que fuera un pozo en otro tiempo─ sobre los que en las despejadas y soleadas mañanas y tardes de días apacibles suelen sentarse, entre otros, unos octogenarios zagalones depositarios del saber que dan los años como son: Julio, Francisco, José, Diego…
Allí se habla y se analizan con templanza y cordura asuntos variopintos: agricultura, política y puntuales temas del diario vivir. Eso sí, con cierta cautela en cuanto se acerca al grupo algún desconocido que agudice el oído.
A mi, particularmente, cada vez que paso por dicho sitio, me enorgullece saludar a ese grupo de hombres curtidos y venerables por el que siento un profundo cariño y respeto, porque sé bien que fueron ellos, y todos los de su generación, los forjadores de los cimientos para salir de unos años difíciles como los de la post guerra civil del 36, tiempos aquellos en los que la hambruna y las calamidades llamaron a la puerta de la inmensa mayoría de las familias, y por ende a las suyas, y que posteriormente hubieron de soportar un largo periodo de austeridad y sacrificio para disfrutar luego del bienestar social y económico que se ha tenido hasta hace poco. Bienestar del que estoy seguro se va a retornar en breves años si todos, sin excepción, arrimamos el hombro en la medida de nuestras posibilidades como supieron hacerlo estos mayores.


Arcos de la Frontera (Cádiz), 02 de diciembre de 2012
Salvador Hueso Sañudo

NUEVO DÍA


Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla. Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.
En un recodo del camino vio un letrero que decía: "Le quedan dos meses de vida "
Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida se dijo: "Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean."
Y aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días, encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.
Comprendió que para ser feliz se necesita amar; aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño y de lo grande; conocerse a sí mismo y aceptarse así como se es; sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar.
Entendió que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la comprensión. Que son instantes y momentos de plenitud y bienestar; que está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior.
Finalmente descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser ÉL: amor, bondad, reconciliación, perdón y donación total.
Y en su mente recordó aquella sentencia que dice: "Cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos."
Ser Feliz, es una actitud.

Autor: desconocido